Nuestra Herencia

Los Metodistas Libres miran hacia la iglesia en el libro de los Hechos y las otras escrituras del Nuevo Testamento como su principal herencia. Ellos reciben de estos registros su mayor fuente de dirección y renovación, generación tras generación. Los seguidores de Dios han luchado con asuntos de discusión, antiguos y recientes, a través de los siglos tal como sucede actualmente. Los puntos de discusión, decisiones y acciones de la Iglesia en todas las épocas son importantes para nosotros.

Los Metodistas Libres pueden trazar una línea de descendencia que se puede describir a grandes rasgos como sigue: Ellos trazan su herencia espiritual a través de aquellos hombres y mujeres de honda piedad personal, los cuales en todas las épocas han mostrado que es posible mantener el brillo del fervor espiritual en medio del paganismo, la apostasía, y la corrupción de la iglesia establecida.

El linaje de la Iglesia Metodista Libre comienza con el pueblo de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento, e incluye influencias y aportaciones de la multitud de movimientos de renovación en el cristianismo occidental. Wycliffe y los Moravos alemanes (de quienes Wesley aprendió el concepto de “el testimonio del Espíritu”;) la Reforma del Siglo XVI con sus muchos contrabalanceados movimientos de renovación entre los cuales se encuentran los importantes correctivos arminianos (los cuales enseñan que la salvación de Cristo fue ilimitada para toda la humanidad, pero que tiene que ser libremente elegida); la tradición cató1ica-anglicana; la influencia puritana de Inglaterra; la tradición metodista, y el subsiguiente y vigoroso movimiento de Santidad del Siglo XIX. Dios ha usado estos y otros a través de los tiempos para hacer conocer, más claramente, el invariable evangelio cristiano. En resumen, los Metodistas Libres se identifican con el curso de la historia de la iglesia cristiana manteniendo al mismo tiempo un énfasis distintivamente evangélico y espiritual.

Las contribuciones de la historia de la iglesia pueden ser detalladas como sigue:

La herencia de la Reforma es reflejada en su entrega a la Biblia como la suprema regla de fe y manera de vivir y a la salvación por gracia por medio de la fe.

La herencia Católica-Anglicana aparece en su interés por el orden en la iglesia y apreciación de la forma litúrgica.

Su énfasis en lo esencial de la fe permite una abertura hacia diferentes puntos de vista en tales temas, como las formas del bautismo y el milenio.

La herencia Metodista es vista en los intereses teológicos, eclesiásticos y sociales, articulados por el Reverendo Juan Wesley y sus asociados en Siglo XVIII, y reafirmado a través del movimiento de santidad del Siglo XIX.

Teológicamente, ellos están comprometidos a la afirmación Wesleyana-Ariminana del amor salvífico de Dios en Cristo. A través de la gracia preveniente él procura atraer todo individuo hacia él, pero concede a cada uno la responsabilidad de aceptar o rechazar esa salvación. La salvación es una relación vital con Dios en Cristo Jesús, dando al creyente una posición legal de justicia, y por lo tanto, afirmando la seguridad de todo aquel que continúa en comunión con él. Junto con el énfasis arminiano en la oferta universal de salvación Juan Wesley redescubrió el principio de la seguridad por medio del testimonio del Espíritu Santo. Él declaró una confianza escritural en un Dios que puede limpiar de pecado los corazones de los creyentes, aquí y ahora, por fe, llenarlos con el Espíritu Santo y capacitarlos para llevar a cabo su misión en el mundo. Juan Wesley escribió de él y de su hermano Carlos: “En 1729 dos jóvenes de Inglaterra, leyendo la Biblia, vieron que sin santidad no podían ser salvos, siguieron a la santidad, y instaron a otros a hacer igual. En 1737 ellos vieron, asimismo, que los hombres son justificados antes de ser santificados; pero aun así la santidad era su objetivo. Dios entonces les dio el encargo de levantar un pueblo santo.”

Eclesiásticamente, la herencia metodista es continuada en la organización Metodista Libre. Hay líneas de responsabilidad que unen los ministerios local, distrital, conferencial y denominacional En los grupos pequeños los creyentes son responsables unos de otros por el crecimiento en la vida cristiana y servicio. Los Metodistas Libres están interesados en la iglesia total, no solamente en la congregación local. Ellos le dan gran valor al liderazgo de obispos, superintendentes, pastores y líderes laicos que proporcionan consejo y dirección a la iglesia.

Nacido en una época cuando el gobierno representativo estaba siendo establecido por sociedades libres, los fundadores Metodistas Libres reafirmaron el principio bíblico del ministerio laico. Los Metodistas Libres reconocen y autorizan a personas no ordenadas para ministerios particulares. Ellos demandan una representación de laicos igual en número a la de clérigos en los comités de la iglesia.

Socialmente, desde sus primeros tiempos, los Metodistas Libres mostraron una consciencia despierta, característica del primer movimiento wesleyano. Su acción decidida en contra de la institución de la esclavitud y la distinción de clases, inherente en el alquiler de asientos a los poderosos, demostró un espíritu de verdadero metodismo. Aunque los asuntos cambian, permanece la consciencia social sensitiva, evidenciada por la continuación activa en los intereses sociales de la época.

Durante el Siglo XIX, el movimiento de Santidad, surge en el metodismo americano pero se extiende a través de otras naciones y denominaciones, demanda de los cristianos un nivel más profundo en su relación con Dios y un gran interés por las necesidades de la humanidad sufriente. Dentro de este contexto, el Reverendo Benjamin T. Roberts y otros ministros y laicos en la Conferencia de Genesee de la Iglesia Metodista Episcopal en el oeste de New York, levantaron una protesta contra el liberalismo teológico, el compromiso poco saludable en controvertidos asuntos sociales y pérdida de fervor espiritual.

Entre 1858 y 1860 un número de estos líderes fue expulsado de la Iglesia Metodista Episcopal bajo algunos cargos y alegatos. En realidad el principal asunto era su proclamación de los principios básicos del metodismo, especialmente la doctrina y experiencia de la entera santificación. Sus apelaciones hechas a la Conferencia General de mayo de 1860 fueron negadas. Los que habían sido expulsados no podían unirse a otro cuerpo metodista, pues no había ninguno que coincidiera con ellos en los asuntos que habían sido causa de la expulsión. Por lo tanto, la Iglesia Metodista Libre fue organizada por una convención de miembros laicos y ministeriales, los cuales se reunieron en Pekin, condado de Niágara, en el estado de New York, el 23 de agosto de 1860. La primera Conferencia General se reunió el segundo miércoles de octubre de 1862 en Saint Charles, Illinois.

La Iglesia Metodista Libre desde sus inicios, continúa extendiéndose alrededor del mundo por medio de un cuerpo de misioneros, el desarrollo de Conferencias Generales adicionales y una organización mundial coordinada.

C. Las Necesidades de las Personas

Los Metodistas Libres están consagrados a la tarea de entendimiento de las necesidades más importantes de personas, instituciones y culturas cambiantes, de modo que puedan servirlas de una manera racional y redentora. En la oración altamente intercesora de Jesucristo, él encareció a los creyentes a vivir en este mundo activa e inteligentemente, a fin de que el mundo pudiera ser guiado, tanto a “saber” como a “creer.”

Los Metodistas Libres son conscientes de las fuerzas demoniacas en el mundo que degradan a los hombres, pervierten a los buenos y conducen a los hombres y las instituciones a la ruina. Tratan de ayudar a los hombres restaurando el sentido personal en el tiempo de desarrollo de la despersonalización.

Los Metodistas Libres reprenden abiertamente cualquier cosa, en las leyes, personas e instituciones, que violen la dignidad de las personas creadas a la imagen de Dios. Están comisionados a aprovechar las oportunidades donde puedan servir como individuos, iglesias locales, conferencias o denominación, siendo útiles en la sanidad y la redención para el mundo.

D. Principios Distintivos

Los Metodistas Libres tratan de expresar el concepto de la Iglesia de Cristo, su perspectiva histórica y las necesidades de las personas en compromisos y principios específicos.

Los Metodistas Libres de hoy tratan de continuar la misión de la cristiandad del primer siglo, la cual fue recuperada por Juan Wesley y los primeros metodistas que declararon que existían “para levantar un pueblo santo.”

Los Metodistas Libres son una comunidad de cristianos que tratan fervientemente de llegar al cielo y se han consagrado a trabajar en el mundo para la salvación de todos los hombres. Ellos se entregan a Cristo y a su Iglesia sobre todo lo demás. Se guardan libres de alianzas que podrían comprometer su más cara lealtad, y de todo aquello que pudiera construir un obstáculo y comprometer su efectividad de testimonio a la fe trinitaria, y la dependencia del hombre en la gracia de Dios. El cristiano se niega a sí mismo, toma su cruz diariamente, y sigue a Jesús. El se somete a toda la voluntad de Dios revelada en Su Palabra, y cree que las condiciones de salvación son las mismas ahora como lo fueron en los días de los apóstoles.

En doctrina, las creencias Metodistas Libres son las mismas que sostiene el protestantismo evangélico arminiano, con un énfasis especial en la enseñanza escritural de la entera santificación tal como fue sustentada por Juan Wesley.

En experiencia, los Metodistas Libres dan énfasis a la realidad de una purificación interior y un poder que da testimonio de la doctrina de la entera santificación, tanto de la conciencia interior del creyente, como en su vida exterior.

Su forma de adoración se caracteriza por su sencillez y libertad de espíritu, libre de las trabas de un ritual muy elaborado.

Los Metodistas Libres mantienen una vida de devoción diaria a Cristo que procede de la santidad interior y separa del mundo al cristiano, aunque éste viva en el mundo. Creen que la mejor forma de evitar que la mundanalidad invada a la Iglesia es que la Iglesia invada al mundo con un propósito redentor.

Ellos practican una completa consagración de todas las habilidades y posesiones al servicio de Dios y del hombre. Creen tan poderosamente en la misión de la Iglesia que se someten a la mayordomía responsable en las finanzas. Por lo tanto, no necesitan acudir a esfuerzos comerciales para apoyar la causa de Cristo.

Los Metodistas Libres reconocen que Dios da dones espirituales de servicio y liderazgo a los hombres y las mujeres. Dado que ambos están creados a la imagen de Dios, esa imagen se refleja mejor cuando tanto los hombres como las mujeres laboran en concierto en todos los niveles de la iglesia. Por tanto todas los puestos adentro de la iglesia están abiertos para cualquier persona que Dios haya llamado.

Los Metodistas Libres sienten una obligación especial de predicar el evangelio a los pobres. Las provisiones del evangelio son para todos. Las “buenas nuevas” deben ser

proclamadas a todo individuo de la raza humana. Dios envía la luz verdadera para iluminar y derretir a cada corazón. Jesús dio el ejemplo. De su ministerio se dio el informe de que “Los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres es predicado el evangelio.” Esta predicación a los pobres fue la prueba culminante de que él era el que había de venir. En este respecto la Iglesia debe seguir las huellas de Jesús.

Los Metodistas Libres se someten a los ideales del Nuevo Testamento de la sencillez y la modestia como estilo de vida. Desean llamar la atención no a sí mismos, sino a su Señor.

Estos rasgos que distinguen la Iglesia Metodista Libre desde su origen siguen siendo asuntos vitales. En cada época y en todas partes estos rasgos distintivos son el testimonio de la Iglesia, y necesitan un énfasis claro y fuerte, a fin de que puedan ser oídos y observados en medio de las voces confusas y desorientadoras de este mundo.